
Tal y como dice la canción, una persona en estado de espera.
Recuerdo que cuando era pequeña me guardaba las mejores agendas para cuando fuera mayor, pensaba que las aprovecharía más. Y ahí están ahora. Si tenía chocolatinas no me las comía todas. Las consumía de poco en poco y siempre me dejaba una, por el por si acaso o para algún momento especial de celebración. Y, claro, a veces caducaban porque no llegaba un momento tan especial como para zamparme esa última. En cuadernos, en bolis, en todo. Todo reservado para algún esperado momento mejor. Algún momento futuro que ni siquiera sé cuál podría ser.
Pero ¿sabes? lo malo es cuando creces y traspasas esta manía a cuestiones más serias. Pasan los años y mucha gente te dice: cuando tenga mi vida y demás podré hacer.. qué sé yo. No lo saben ni ellos. Y es verdad, no sabemos nada porque siempre lo dejamos para después. Y no, no me excluyo. Sólo que yo ya llevo tiempo diciendo que no, o al menos intentándolo. Que no quiero esperar. Esperar ¿a qué? ¿a cuándo? A nada.
Pero ¿sabes? lo malo es cuando creces y traspasas esta manía a cuestiones más serias. Pasan los años y mucha gente te dice: cuando tenga mi vida y demás podré hacer.. qué sé yo. No lo saben ni ellos. Y es verdad, no sabemos nada porque siempre lo dejamos para después. Y no, no me excluyo. Sólo que yo ya llevo tiempo diciendo que no, o al menos intentándolo. Que no quiero esperar. Esperar ¿a qué? ¿a cuándo? A nada.
Es inútil esperar, dejar de cometer errores o no lanzarte a ver el mundo tal y como es. Atreverse al ahora y actuar. Sin esperar un después.
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