últimamente los días son agotadores. La universidad se convierte en mi casa, pasando a ser un lugar de transición mi propia morada. El trayecto en bús sería agotador sino fuera porque siempre llevo encima un libro para leer.
Sin embargo, estoy feliz. No es un feliz banal, ni un muy feliz falso de esos que acostumbran a decir por ahí. Si alguien me preguntara cómo estoy le contestaría que bien, pero un bien de verdad. No hay más, es simple y rotundo. Estoy tan agusto con todo que siento paz y serenidad.
Incluso el trayecto en bús se ha convertido en uno de los momentos más esperados del día. No os podeís imaginar la de libros que llevo leídos ya.
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